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El café que empezó todo: la familia Bucio en la sierra
Antes de que hubiera plaza, jardín o locales, había un trato con una familia que siembra café en la sierra de Guerrero. Sigue siendo el mismo grano.
Por Equipo Hacienda, Redacción de la plaza
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Hacienda no empezó como una plaza. Empezó como un acuerdo: acompañar a la familia Bucio en la siembra de café en la sierra de Guerrero y encontrar la manera de que ese grano llegara a alguien que lo pagara bien.
Suena sencillo cuando se cuenta rápido. No lo es. El café de la sierra pasa por muchas manos antes de llegar a una taza, y cada par de manos se lleva una parte. Cuando el precio se define lejos, en una bolsa que la familia que sembró nunca va a ver, la cuenta al final del año casi nunca cierra. Ese es el problema que se quiso resolver, y sigue siendo el que medimos cada temporada.
Lo que cambia cuando el trato es directo
Comprar directo no es sólo pagar más. Es saber cuándo se corta, cuánto salió, qué le pasó al lote que se mojó y por qué este año el tueste sabe distinto. Es poder decir en la barra de qué parcela viene lo que se está sirviendo, y que eso sea verdad.
También significa aceptar años malos. Cuando llueve cuando no debe, sale menos y sale peor, y el trato aguanta o no aguanta. Hasta ahora ha aguantado.
De la sierra a la barra
El grano baja, se tuesta y se sirve todos los días en Hacienda Café y Té, en la entrada de Playa La Saladita. Es el mismo café que se toma la gente que vive aquí y el que pide quien acaba de llegar de la playa sin saber nada de esta historia.
No hace falta que la sepan para que funcione. Pero si preguntan, se la contamos, porque es el motivo por el que existe todo lo demás: el jardín, los locales, el mercadito, las noches de cine. Todo eso vino después. El café estaba primero.



